Precisiones científicas a la Cartonland

David Charbonneau, profesor de astronomía en la Universidad Harvard, explicó que, en realidad, los astrónomos han encontrado cinco planetas.

«En nuestro sistema solar hay ocho planetas rocosos, ubicados más cerca del sol, y otros más gaseosos, ubicados más lejos», explicó. «En el sistema de la Kepler-20 los planetas están alegremente mezclados: el primero que se encuentra es parecido a Neptuno, el siguiente es rocoso, el siguiente Neptuno, el otro rocoso… uno grande y uno chico, uno grande y uno chico, uno grande… y todos orbitan dentro de la distancia que Mercurio orbita al Sol».

[de Clarindotcom]

Aventura, Desvelo y Cacao

Vale la pena perder el sueño por esta peli (El Cisne Negro, 1941). Aquellas de acción que veíamos los sábados, Toddy mediante.

[youtube bP6Hrtwe9q8]

Qué lindo que estaba el Tyrone Power… Estos morochos tipo Clonney me matan.

 

Desde allá


Lo que debe ser comprendido está a tal punto por fuera de la escala que la muerte nos parece el fin cuando apenas es el principio.
Privilegiados aquellos quienes su memoria descansa aún en las faldas de la sola mirada materna, astros simétricos compensados por un ombligo, antojo casual, ancestro del error en donde se sabe perdido y anhelado en dos piernas y dos brazos casi, como ningún otro.
De las cosas de la vida que no se olvidan, de los dolores más bellos, surge el llanto ausente de hambre que en la distancia evoca cierto calambre capaz de recorrer como flecha del cerebro al seno. Ese contenido pacta otro cuerpo, se le impone y es aceptado.

Santa Anita


Por razones diversas de la Nostalgia 2.0, conocí a mi segunda Anita, que viene a contrariar con su sola existencia todo lo que he escrito hace un tris. Pero así somos los poetas, o los locos, o los chantas como yo.
Les dejo un extracto y la versión full de un texto suyo:» La creatividad. Un poder humano»
(temática entre otras que desvela las noches de quien escribe, no duerme y piensa al garete).

La creatividad y el juego en mi  historia 

El mundo es tan grande o tan pequeño como el tamaño  de la ventana a través de la cual nos asomamos a él. Fidel Moccio.

El jugador se planta frente a la realidad (desnuda ante él, sin intermediaciones) como un  explorador que pisa por primera vez tierra desconocida  y establece una relación abierta con un mundo abierto e ilimitado. Graciela Scheines

La creatividad despierta los  celos de los dioses. Rollo May

 

 Recuerdo una foto, en la que cumplo cinco años. Estoy rodeada de amiguitos y con un muñecote gigante que me habían regalado para ese cumpleaños. En esa época vivíamos en Ituzaingó, en una casa  que nos habían prestado mis abuelos paternos. Unos meses antes de la escena de la foto, estoy en una habitación hacinada de muebles entre los que se encuentra un ropero estilo provenzal cercano a una ventanuca por donde se escurre la luz. Allí está el moisés de Martinita, mi hermana de tres meses. El sol hace brillar su pelo negro pero a  su piel trigueña la veo verdosa. No se mueve. Yo quiero que mamá me muestre mi regalo que está guardado en una caja, arriba del placard, pero mamá sólo llora desconsoladamente mientras mira el moisés y no me escucha. Yo lloro también porque sentir así a mamá me angustia; no entiendo qué pasa, pero intuyo que es algo grave, así que lloro muy fuerte. Mamá grita ¡Luis, Luis!;  papá viene corriendo y también ve. No dice nada. Entra mi tío y juntos envuelven a Martinita en una sabanita del moisés. Mamá sigue  llorando, y yo  aunque sigo sin entender; lloro mucho. Nadie me presta atención. Ellos bajan la caja de mi regalo, sacan lo que hay adentro, lo dejan arriba del placard y ponen a mi hermanita en la cajita. Se la llevan caminando despacito, encorvados y silenciosos,  por una de las calles infinitas del pueblo. Sus cuerpos, de espalda, alejándose, quedan en mi memoria para siempre. Mamá me deja sola en la habitación que huele a ausencia y dolor, sin haberme mostrado mi regalo que seguía sobre el ropero. Yo me calmo y como nadie me dice nada me pongo a pensar en otra cosa. Salgo a jugar con mi hermano al patio. 

Promediaba junio del cincuenta y cuatro. Ahora sé que mi hermana se había muerto. Hasta que fuimos grandes, mamá nunca habló del tema ni lloró delante de nosotros por su hijita, la morochita, la que se parecía a ella, la muerta.
Llegó mi cumpleaños y me regalaron el muñeco de la foto. Con él jugué a la mamá, lloré y sufrí por esa hija muerta, haciéndome cargo de lo no dicho, de lo no expresado.

Dice Scheines:
“mientras jugamos estamos a salvo de la deriva, del sin sentido, del vacío”

El ser humano es incapaz  de vivir en el caos y la incertidumbre que le producen la muerte, lo misterioso, lo desconocido, lo tremendo,  lo terrorífico y aquello que no maneja. Un modo de establecer una red que lo proteja y le permita acercarse, es jugar; con el jugar crea un nuevo orden que limita el caos y lo mantiene a raya.
La nena de la foto disfruta de su regalo. El juego ayuda a elaborar la pérdida y nos va mostrando el modo en que esta nena expresará sus emociones y cómo se irá vinculando con el sentir familiar.
Si en la familia, el ambiente es sano y abierto y los adultos han creado un lugar de encuentro respetuoso de las identidades, el niño elabora a través del juego las situaciones  dolorosas y crece. Si no es así, la red de  relaciones  ayuda a sostener  el status quo y alguno se hace cargo, en general el más sensible, de la expresión del sentimiento familiar, del propio y del de los demás.

El texto completo aquí

Nostalgia 2.0

Como la novedad enamora facilmente yo también fui cultora de mi ciberespacio, o bien ciberquintita en lontananza; lungo espacio fuera de foco, sombra de persona, perro o caño. La presbicia se solidariza al contexto con desencantos terribles, poblados de amagues entre cuerpo 5 al 15 y una vela nocturna yendo y viniendo en la oscuridad.
Hemos perdido el deleite de ciertas lecturas, como prospectos, fechas de vencimiento, mentes ávidas. Es el momento de observar las mentes ávidas a una prudente distancia de no menos de un metro, medio más. Ya no lucen. Son sólo mentes ruidosas, rudimentarias, rudas.
Y las almas? Qué complejo! Donde solía estar el postre hay sólo un plato vacío, predispuesto y de canto para el lavavajillas.
Gran parte de todo se lo ha llevado la tecnología, mejor dicho su uso. Nunca supimos hablar: qué peor que disponer de surtidas maneras para poblar el espacio de esta «conversación». Nuestra persona es ahora un «profile»; garabato sostenido en la mano inversa al canapé de esas fiestas de viejos parados, rugiendo interiormente por un pucho o una puerta de escape que siempre abre alrevés.
Ustedes disculparán este antizenitismo: «Ya no quiero conocer a nadie y menos a mí» que fuera reemplazado en el antiguo oráculo por versiones del marketing.
No necesito hablar por el celular. No deseo ser encontrada. No tolero escuchar gente por el inalámbrico mientras hace pis, o peor. No quiero escribir SMeses fragmentados y sin dientes. No busco formar parte de ningún grupo ni dar excusas, cambios de clave, pines ni diretes. Tal vez haría un último movimiento sobre el elegante textbox con la siguiente: «droga+flashback+comunicación verbal».
Antes la gente se iba dando un portazo, ahora te borra de sus interminables listas de amigos, conocidos, colegas, contactos y cosos diversos.
Los años pasan y sigo añorando las postales de Ferla con puñados de estampillas, cada tanto, desde algún paisaje cultural devenido en reducto para los románticos.

Un ratito

No sé que pasó pero alteraron el metabolismo del cosmos. Antes las cosas se medían en horas. Ahora, una hora son treinta minutos y nada más. Yo digo que vamos rápido al pedo. En cualquier momento las reuniones comienzan a hacerse de parados, como otras cosas que no quiero nombrar. Ayer vi una reunión de abogados en tribunales, negociando un arreglo en el hall de un edificio. Así nomás, como la pizza en porción y al paso.
Mi problema sigue siendo que necesito al menos dos horas para preparar lo que haré en la siguiente y resolverlo en treinta de los sesenta prometidos es muy poco. Todo me parece poco.

Norte


Monetaneamente obsesionada con la música de esta chica sueca y todo lo verbalmente escandinavo y boreal:

[youtube EB_BO_33JAw]
Anna Ternheim

Punto muerto

Otra de la saga «esperemos que se le pase pronto»:

Nacer supo ser un espanto.
Horror más alto que el trauma,
gallito ciego hacia el borde de la nada.
Y así,
cuando sombreados por la muerte creemos temer,
no es más que la memoria
azotando las ventanas.

LLegó la hora.
Hoy es como ayer
y el sinsentido abismo sin costura,
añosa herida del alma.

Esto es una basura pero si no lo escribo así, no es lo que tiene que ser. Mesplico?
[…]
El analista se empeña en que olvide para ver si hacemos un guisito con lo que queda, pero yo tengo una memoria de puntilloso puño obstinado para la pavada; al estilo de Jane Austen cuando aparece en las películas, entre pelotuda y marimacho, peleada con los editores y las cargas sociales.
Cada tanto apreto los ojos para ver si despierto en una Inglaterra ceñida pero sin pestes, con Darcys y hogueras; castillos y oscares wildes, o cacería de cualquier cosa que nunca, jamás comeré.
El romanticismo debe tener nubes de Turner y Constable, toda su genealogía etérea.
También encontré (buscando nubes al tono) este artículo _o algo de él_  justo cuando ayer hablábamos de Yeats con Keats y mi otro yo, o tal vez fuera alrrevés, pero todo eso será para el nudo de la libretita del analista.